LOS HERMANOS CAÑÓN

LOS HERMANOS CAÑÓN

HERMANOS CAÑON, 1966
Los hermanos Cañón (Luis y Maximino) fueron unos extraordinarios intérpretes leoneses de armónica y muy asiduos en concursos de la radio y festivales varios.
Autodidactas, como todos éramos (o casi todos), su dominio del instrumento y sobre todo, el reparto de los panoramas sonoros que debían articular, para dar forma y contenido a una canción, eran impresionantes, por el resultado.
Las generaciones actuales, no se pueden imaginar, lo difícil que era dar contenido a una interpretación de una canción con dos simples instrumentos de soplo, para lograr un resultado digno al oído. Esa labor la hacían perfectamente los armonicistas de la época, sin mayores problemas y de una forma sencilla y natural.

Luis y Maximino, aparte de su afición a la armónica, formarían parte años mas tarde, del embrión original de la asociación cultural FORECU (Club Formativo, Educativo y Cultural) en León, donde convivirían aficionados al teatro, deportistas, amantes de la naturaleza y otras disciplinas y actividades.
El club FORECU, creado en 1964, tenía su sede social en la Av. Padre Isla, 34.
Antes de haberse asentado la democracia, el club era una isla de libertades y un espacio diferente, para soñar y hacer cosas diferentes a la apatía general que todo o casi todo lo impregnaba. Llegó a tener mas de 400 socios y una gran biblioteca con libros y publicaciones difíciles de encontrar. En aquel espacio de libertad, se podía hablar de política y de cualquier cosa … ¡aquello era el FORECU!.
No era extraño que la policía social vigilase sus pasos y que muchos de ellos tuvieran ficha o sospecha de “posibles comunistas o agitadores”, utilizando la jerga policial de la época.

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LOS HERMANOS CAÑÓN.
Maximino y Luis Cañón Gutiérrez.
La historia de dos hermanos que tocaban la armónica a finales de los 50.
Siempre les gustó la música, a pesar de que en su familia no había ninguna tradición artística, aunque si mucha afición a la canción y a la música en general por parte de sus padres. La primera armónica que tuvo Maxi, el hermano mayor, se la compraron sus padres para la festividad de Reyes. Era el modelo “O fado portuguez” de la casa Hohner alemana, con la cual dio sus primeros pasos con la incipiente interpretación de “Los doce cascabeles”, la canción archiconocida y casi obligada con la que casi todos comenzaban debido a la repetición de notas que tenía en el comienzo, lo cual la hacía mas fácil de interpretar.
Después le compraron la “Seductora” que era una armónica mas completa, también de la casa Hohner y consecuentemente, su hermano menor heredó la “O fado portuguez” para juntos formar el dúo de los “Hermanos Cañón” (Maxi y Luis) y comenzaron sus interpretaciones en las ondas, actuando en las emisoras que programaban concursos musicales. Eran Radio León y la Voz de León, con aquel programa para aficionados llamado “Antena infantil”, que dirigía con gran acierto el desaparecido Horacio Andrés que tenía una gran audiencia en su emisión al tiempo que proporcionaba un espectáculo cara al público. La emisora Radio León tenía una sala con una capacidad de unas cien butacas, que se abarrotaba en cada sesión y que aceptaba a otros tantos, pero de pie, cada día que se emitía el mencionado programa.
Maxy y Luis que se llevaban tres años y medio, tantas veces participaron, que se conocían de memoria aquella frase del “paquetón de caramelos de la Confitería Polo” pronunciada constantemente por los conductores del programa, s modo de publicidad, que como premio por la actuación, se obsequiaba (cuando un caramelo era un caramelo) a todo participante.
¡Que emoción deberían sentir los hermanos Cañón y el resto de niños concursantes y sus familias, cuando pegados al aparato de radio, escuchaban con antelación anunciar los nombres junto con el de otros niños que iban a actuar en los siguientes días!
Seguro que era un momento especial, entre el gusto y la emoción. Seguro que les empezaban a temblar las piernas y se ponían a ensayar para no hacer un mal papel en la pugna con el resto de concursantes, aspirantes a cantantes, bailarinas o instrumentistas.
A pesar de los duros rivales, los Hermanos Cañón no solían salir mal parados. Aún conservan varios trofeos y alguna medalla con una bandera de España y con la siguiente leyenda grabada: «Infantil 2º Musical Radio-León 1958» que a titulo de recuerdo imborrable, conservaba con orgullo su madre como un valioso trofeo ganado por sus hijos en los concursos de algo tan mágico como era la Radio en aquellos años.
Las actuaciones y la selección de concursantes se llevaban a cabo en directo en la emisora Radio León y posteriormente, se celebraba la final en el gran Cine Condado, propiedad de la ELDE (Empresa Leonesa de Espectáculos) con la que la emisora tenía muy buena relación. El cine tenía una capacidad superior a las mil localidades, que se agotaban al poco de anunciar la el día y la hora de la esperada final.
La final imponía, mucho mas que las fases previas, ya que allí se concentraba lo mejor de cada estilo y para cada estilo, siempre coincidían varios finalistas. Imposible olvidar la ilusión que seguramente ambos hermanos compartían. Una ilusión que les animó a seguir con la música mas adelante, aunque siempre lo hicieron por pura afición.
Maxi estudió música y acabó el solfeo. Su hermano Luis, que optó por el instrumento del metal, acabó dirigiendo con gran acierto durante muchos años, la banda de cornetas y tambores de una importante cofradía donde su propio hijo, llamado también Luis, tuvo un papel destacado ejecutando con pulcritud, diferentes solos de corneta.
Ya de adultos, cada uno dirigió su futuro hacia otras actividades profesionales que les permitieron tener una vida digna sin perder el entusiasmo que por la música en general, ambos hermanos tuvieron y siguen teniendo.
Seguro que todavía resuenan en sus memorias emotivos recuerdos y aquello que respondían a la pregunta de Horacio Andrés sobre a quienes dedicaban lo que iban a interpretar, contestando: “a mis padres y tíos (y seguro que a una retahíla de amigos) que nos estarán escuchando” …
Para estos hermanos y para tantos otros niños y adolescentes, los concursos eran algo mágico y se conformaban con muy poco. No pretendían alcanzar la notoriedad de los famosos del momento, pero aquellas actuaciones musicales les hacían sentir durante un corto tiempo, importantes y queridos como si fuesen artistas consagrados.
Los que vivimos aquellos tiempos como público o en el escenario, echamos de menos aquellos programas locales que nos tocaban la fibra del paisanaje y que se esperaban como agua de mayo en tiempo de sequía. Así éramos felices y nos conformábamos con lo que desde el centralismo radiofónico, nos imponían, dejando muy poco espacio para comentar lo que ocurría en nuestra provincia.
En aquel tiempo dorado de la radio y de la ilusión infantil, a los locutores se les conocía y se les saludaba por la calle. Eran como si se tratasen de modestos y cercanos actores de cine con los que te encontrabas a menudo en el bar o en la tienda.
Un tiempo de cercanía, ni mejor ni peor que el de ahora, pero en todo caso, diferente y que nunca volverá.

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HERMANOS CAÑON, 1960
Armónicas en La Voz de León.
Los Hermanos Cañón, en la foto (Maximino y Luis), eran un dúo de extraordinarios tocadores de armónicas, que ganaron varios concursos radiofónicos en su especialidad.
En la misma época, ya despuntaba otro gran especialista llamado Germán Robles (Megatones) que también la tocaba muy bien, como ellos.
Esta foto está tomada de un cuadro,enmarcada y no ha sido posible reproducirla sin evitar los reflejos del cristal. Corresponde a una actuación en directo, en La Voz de León, en uno de aquellos concursos y actuaciones que celebraban las emisoras locales en la época.
Desgraciadamente no tiene buena calidad y además, tiene un brillo en su parte izquierda que no he querido borrar.
Al lado de los hermanos, Nélida López Alfaro, locutora de la emisora y un compañero también locutor, Luis Arribas.