PERGENTINO ALVAREZ REDONDO.
Acordeonista de Truébano de Babia (León).
Aunque Pergentino pertenece a la música popular, tal vez un poco rancia, pero desde luego auténtica y autóctona, incluimos aquí un pequeño homenaje de su hacer a lo largo de su vida, por ser un músico de especial carisma y también, por encontrarse ubicado en el tiempo de los músicos (1950-1980) a los que hago esta especial mención o recordatorio.
Dicen los mas mayores que el pueblo de Truébano es “el que tiene un taller y … ¡el de Pergentino, el acordeonista!”
Pergentino fue un músico autodidacta, que se enamoró del instrumento a primera vista, tan pronto lo vió y lo escuchó, cuando era un niño.
Perteneció a la generación anterior a la de los conjunteros, (también autodidactas en su mayoría) y dedicó su vida a tocar el acordeón en infinidad de fiestas y romerías en su comarca de Babia, fundamentalmente y también en Omaña y sur de Asturias. Dicen los que le conocieron mejor que yo, que casó a abuelos, hijos y nietos y en algún caso, a alguno o a alguna, en dos ocasiones.
Pergentino, nunca vivió de la música, el sueño dorado de todo intérprete, ni siquiera en su comarca de Babia, donde era el rey indiscutible y con poca o ninguna competencia. La vida del músico, antes y ahora, siempre será, salvo raras excepciones, tocar, sudar, lágrimas y moderado reconocimiento.
Pescador reconocido, entre truchas, viajes por la zona para tocar y otras labores propias del mundo rural. Pergentino vivía feliz y disfrutaba de lo lindo cuando acompañado por su esposa Josefa, se iban a tocar en aquellas interminables bodas que duraban todo el día. Allí interpretaba sobre todo y a su aire, ritmos del valle (chano), pasodobles, valses, rumbas y todo lo que la concurrencia le solicitara. También tocaba el arpa bucal.
Hace tiempo leí una publicación, que decía que en la localidad de Torrebarrio, un año llegó a tocar el acordeón en ¡18 bodas!.
Conocí a Pergentino en las Fiestas del Pastor en Barrios de Luna. Era el animador del baile chano en aquellas jornadas festivas y tocaba su acordeón Guerini, antes y después de las entregas de premios a los mejores mastines leoneses del concurso.
Con la música de Pergentino en los bailes de los pueblos de las montañas leonesas, muchos bailaron, conocieron a sus parejas y formaron familias.
Finalmente diré, que Pergentino era un ser afable, educado, nada divo y cercano, que desgraciadamente nos dejó hace unos años.
Era una buena persona y un caballero del acordeón.
PERGENTINO ALVAREZ REDONDO